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MANÁ ESCONDIDO

Itinerario y Destino de la Fe

“Por la fe Abraham siendo llamado, obedeció para salir al lugar que había de recibir como herencia; y salió sin saber a dónde iba.” (Hebreos 11:8)

La fe genuina nos lleva a abrazar la incertidumbre. Luego, si perseveramos, seremos abrazados por Dios, porque la fe fue dispuesta para buscar y hallar a Dios: “Porque es necesario que el que se acerca a Dios, crea que él existe y que él recompensa a los que le buscan.”
(Hebreos 11:6).

Antes de que venga la fe, habrá un llamado a salir y dejar atrás todas nuestras certidumbres, la confianza y seguridad en todo aquello que, siendo legítimo, no es el mismo Dios. La meta de la fe es conocer, realmente, a Dios. Todo aquello en lo que Abraham había confiado antes de ser llamado conspiraba contra esa clase de conocimiento personal de Dios.

Cortar las amarras, navegar sin brújula, quemar los puentes, salir, dejar atrás lo que nos es conocido, ir sin rumbo definido, abandonar las certezas y seguridades que nos aferran. Esto es parte del lenguaje y la práctica de la vida de fe que, será recompensada con algo de valor infinitamente superior a lo que hemos dejado: el conocimiento del Dios Santo y Verdadero.

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Propósito de la página

El propósito de este sitio es contribuir a la edificación del Cuerpo de Cristo para que pueda alcanzar el cumplimiento de los mandatos del Señor para su iglesia en estos tiempos, acorde con estas Escrituras: 

Preparar el camino de regreso para el Señor.” (Isaías 40:3-4, Malaquías 3:1); “Porque han llegado las bodas del Cordero, y su esposa se ha preparado. Y a ella se le ha concedido que se vista de lino fino, limpio y resplandeciente; porque el lino fino es las acciones justas de los santos,” (Apocalipsis 19: 7-8); “Porque el testimonio de Jesús es el espíritu de la profecía.” (Apocalipsis 19:10) y “El que venciere heredará todas las cosas, y yo seré su Dios, y él será mi hijo”.

(Apocalipsis 21:7)

Estas palabras resuenan en el ámbito del Espíritu en este que es un tiempo de transición espiritual en el que veremos acontecer dos eventos: El cierre de la era de la iglesia respecto de su forma, naturaleza, propósito y modo de operar; y la apertura de la era del Reino de Dios próximo a venir. Uno y otro requieren de la adecuada preparación del Cuerpo de Cristo considerando de modo particular la visión del apóstol Pablo:

 

“No que lo haya alcanzado ya, ni que ya sea perfecto; sino que prosigo, por ver logro asir aquello para la cual fui también asido por Cristo Jesús. Hermanos yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: Olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del Supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús.”
(Filipenses 3: 12-13)

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